China eligió a España como uno de sus principales centros de producción de vehículos eléctricos en Europa, en medio de los aranceles impulsados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra los autos chinos.
Uno de los casos más importantes es el de SAIC Motor, considerado el fabricante chino más afectado por los aranceles al vehículo eléctrico. La compañía analiza abrir una fábrica en Galicia para producir desde España y reducir el impacto de las medidas comerciales estadounidenses y europeas.
A su vez, Changan Motors planea construir una planta en Aragón. Otras firmas chinas también estudian instalarse en antiguas fábricas ubicadas en Zaragoza, Madrid y Valencia, aprovechando la infraestructura industrial ya existente y la experiencia española en el sector automotor.
Especialistas de la industria destacan que España ofrece ventajas clave para atraer inversiones: una red de proveedores consolidada, buena logística, costos competitivos y una posición estratégica dentro de Europa. Además, la llegada de nuevas automotrices podría impulsar el empleo y dar continuidad a plantas que actualmente atraviesan dificultades productivas.
Uno de los ejemplos es la planta de Ford en Almussafes, Valencia, donde existen negociaciones con fabricantes chinos para utilizar sus instalaciones. Los trabajadores consideran que estas inversiones podrían garantizar estabilidad laboral y evitar nuevos recortes en la industria automotriz española.




