La guerra iniciada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu con ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán continúa expandiéndose mientras crece la violencia en la región. Las ofensivas aéreas y bombardeos sobre Teherán y otras zonas iraníes se han intensificado, al tiempo que Teherán y sus aliados han respondido con misiles y drones contra objetivos militares y bases estadounidenses y aliados en distintos países del Golfo.
En el Líbano, el enfrentamiento se ha abierto un nuevo frente: el grupo proiraní Hezbolá ha lanzado proyectiles contra territorio israelí y esto ha provocado una fuerte respuesta del ejército israelí, con bombardeos en el sur del país y en zonas vinculadas al movimiento chií. Esto ha causado desplazamientos de miles de civiles y un número creciente de víctimas, además de elevar la tensión y erosionar el frágil alto el fuego que había prevalecido hasta ahora.
La escalada ha generado preocupación internacional por una posible ampliación del conflicto y sus efectos económicos y humanitarios, con advertencias sobre una crisis energética global y sobre las dificultades para lograr una salida diplomática ante la determinación de los bandos de continuar con las acciones militares.




