Organizaciones y expertos en derechos humanos debaten si el uso de este tipo de armamento en zonas densamente pobladas podría constituir un crimen de guerra, dado que algunas de estas armas tienen efectos especialmente devastadores en civiles. En particular, el fósforo blanco —un agente incendiario que arde al contacto con el oxígeno— puede causar heridas graves y difíciles de tratar.
Aunque no hay confirmación oficial de que Israel haya empleado armas químicas prohibidas como el gas sarín, las imágenes y relatos han reavivado el escrutinio sobre la legalidad y el impacto humanitario del arsenal utilizado en este conflicto, situando al país “en el punto de mira” de la opinión pública y observadores internacionales.




