La orca ibérica Toñi, de unos 60 años, fue localizada en aguas españolas con lesiones compatibles con disparos en su aleta dorsal.
Toñi, conocida cariñosamente como “la abuela” por los grupos que siguen a las orcas ibéricas, apareció en los últimos días en el estrecho de Gibraltar con heridas preocupantes en su aleta dorsal. El ejemplar pertenece al grupo de orcas conocidas como “gladis”, que se caracterizan por sus interacciones con embarcaciones, especialmente veleros.
Según Orca Ibérica, las lesiones observadas son compatibles con ulceraciones provocadas por perdigones o postas. La organización sostiene que las marcas podrían corresponder a munición utilizada para la caza mayor y que, por las características de las heridas, el disparo se habría producido a una distancia inferior a los 15 metros.
La situación generó la intervención de las autoridades españolas. El Gobierno abrió una investigación para determinar qué ocurrió y desde el Ministerio para la Transición Ecológica se estableció contacto con Portugal, ya que las primeras informaciones apuntan a que el ataque podría haberse producido en territorio portugués. Por el momento, no se ha determinado quién realizó el disparo.
Los especialistas que conocen a Toñi confían en que pueda recuperarse pese a su avanzada edad. El investigador Ignacio Peinó, quien detectó las lesiones, destacó que el animal siempre había presentado un buen estado general y un sistema inmunitario fuerte. La orca suele desplazarse junto a otros dos ejemplares, Pingu y Scarlet.
El caso vuelve a poner el foco sobre la convivencia entre las orcas ibéricas y las embarcaciones que navegan por el estrecho de Gibraltar. Estos cetáceos han protagonizado numerosos encuentros con barcos en los últimos años, pero el hallazgo de Toñi con lesiones compatibles con un ataque con armas de fuego abre ahora una investigación para determinar las circunstancias y responsabilidades detrás del episodio.




