Los investigadores midieron en terrazas y entornos exteriores cómo variaban los niveles de partículas en tiempo real al comparar distintos productos de nicotina. El estudio concluyó que el cigarrillo convencional es el que más contamina el aire, mientras que los dispositivos de vapeo reducen de forma significativa la cantidad de compuestos presentes en suspensión.
El análisis también incluyó productos de tabaco calentado, cuyos valores de emisión fueron incluso inferiores a los registrados en el vapeo, según la medición ambiental realizada en los experimentos. Este comportamiento situaría a ambos productos muy por debajo del impacto del humo tradicional en términos de carga de partículas en exteriores.
A partir de estos resultados, los autores sostienen que, en terrazas y espacios abiertos, la exposición de terceras personas disminuye de forma notable cuando el fumador sustituye el cigarrillo por alternativas sin combustión. Aunque insisten en que ninguno de estos productos está exento de riesgos, subrayan que los datos ambientales apuntan a una diferencia relevante en la magnitud del daño potencial.
El estudio incide además en la importancia de evaluar la calidad del aire en contextos reales —como cafeterías y bares al aire libre— para comprender mejor cómo las distintas formas de consumo afectan a las personas del entorno. Los investigadores recuerdan que reducir la combustión es clave para disminuir la liberación de partículas tóxicas al ambiente.




