Hace 45 años, una misteriosa enfermedad respiratoria terminó revelando uno de los mayores envenenamientos alimentarios de la historia de España. El consumo de aceite de colza desnaturalizado vendido de forma ilegal provocó miles de muertes y dejó secuelas crónicas en decenas de miles de personas, en lo que se conoció como el Síndrome del Aceite Tóxico.
El brote comenzó en la primavera de 1981 con casos aislados de fiebre, fatiga, dificultad respiratoria y manchas en la piel que confundieron inicialmente a los médicos. La enfermedad se expandió rápidamente entre familias enteras en distintas zonas del país, generando alarma social y desconcierto sanitario ante la imposibilidad de identificar su origen.
Tras semanas de investigación, los equipos médicos lograron vincular la epidemia con el consumo de aceite de colza adulterado vendido a granel y sin controles sanitarios. El producto, originalmente destinado a usos industriales, había sido desviado al mercado alimentario tras ser mezclado y comercializado como aceite comestible.
La crisis sanitaria derivó en una emergencia nacional que saturó hospitales y provocó un elevado número de fallecimientos. Aunque las cifras oficiales situaron las muertes en torno a 300, estimaciones posteriores elevan el balance a cerca de 5.000 víctimas a lo largo del tiempo, debido también a las complicaciones y secuelas derivadas de la intoxicación.
Décadas después, el impacto del síndrome continúa presente en miles de afectados que sufren problemas neurológicos, vasculares y musculares. Las víctimas denuncian que, además del daño físico, persiste una lucha constante por el reconocimiento y la reparación, en una tragedia que aún permanece abierta en la memoria social del país.




