Estados Unidos y la Unión Europea están ultimando un acuerdo comercial que fijaría aranceles del 15 % sobre determinadas importaciones, reduciendo así a la mitad los gravámenes que Estados Unidos tenía previsto aplicar a productos europeos a partir del 1 de agosto. El pacto, que toma como referencia acuerdos previos con Japón, incluiría sectores como el automóvil, la aeronáutica, las bebidas alcohólicas y los dispositivos médicos, aunque con algunas excepciones estratégicas.
La Comisión Europea ha suspendido temporalmente las medidas de represalia que tenía preparadas, mientras continúan las negociaciones a contrarreloj. Aun así, Bruselas mantiene en reserva un paquete de respuesta valorado en más de 90.000 millones de euros, en caso de que el acuerdo no prospere. Países como Alemania y Francia apoyan el pacto, pero han dejado claro que no se aceptará a cualquier coste.
El objetivo común es evitar una nueva escalada arancelaria que afecte al comercio transatlántico y cause perjuicios económicos tanto a empresas como a consumidores. De cerrarse el acuerdo, se abriría una nueva etapa de estabilidad comercial entre las dos potencias, especialmente en sectores sensibles como la automoción, el acero y la tecnología. La decisión final se espera antes del 1 de agosto.




