El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, llegó a la cumbre de la OTAN con la intención de evitar una nueva confrontación pública con Donald Trump.
La ausencia de referencias a España llamó la atención porque en encuentros anteriores Trump había cuestionado con dureza al Gobierno español, especialmente por su rechazo a incrementar el gasto en defensa y por su posición frente al conflicto con Irán. En el Ejecutivo español interpretan este cambio como una estrategia para no abrir un nuevo frente diplomático durante la cumbre.
Sánchez mantiene la postura de que España cumple con los compromisos asumidos dentro de la OTAN y defiende que el país aporta capacidades militares relevantes sin necesidad de elevar el gasto hasta el 5% del Producto Interno Bruto, como propone Trump. El Gobierno considera que un incremento de esa magnitud tendría un fuerte impacto sobre otras áreas del presupuesto público.
Pese a las diferencias políticas, el clima de la cumbre se mantuvo sin grandes enfrentamientos entre ambos líderes. Desde el Gobierno español señalaron que el objetivo es preservar la relación con Estados Unidos y concentrar el debate en los desafíos de seguridad que enfrenta la alianza, evitando que las diferencias bilaterales dominen la agenda del encuentro.




