Donald Trump volvió a presionar a los países de la OTAN para que eleven su gasto militar al 5 % del PIB. Mientras varios gobiernos europeos aceptaron la exigencia, España, Bélgica y Eslovaquia se opusieron, marcando un límite ante el avance de una agenda militarista.
Pedro Sánchez argumentó que el 2,1 % ya acordado es suficiente y que aumentar esa cifra afectaría directamente a los servicios públicos. Defendió una visión europea más autónoma, que apueste por la paz y la diplomacia sin renunciar a la soberanía presupuestaria.
Yolanda Díaz reforzó esa posición al afirmar que “España no admite amenazas de nadie”, en alusión a Trump. Aunque el expresidente estadounidense amagó con represalias comerciales, el gobierno español se mantuvo firme: no hipotecará el bienestar por presiones externas.




